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viernes, 9 de diciembre de 2011

El tiempo bordado en oro

Por: Tzuyuki Romero Flores


Micaela Valtierra escuchó hablar por primera vez del general en una cena que su padre tuvo con empresarios textileros de la región. Desde entonces tuvo el deseo de conocer al hombre que había puesto en el gobierno del estado a su padrino don Próspero. El padre de Micaela era regidor de Huamantla y ella pensaba que eso le permitiría hacer realidad su afán por conocer al presidente. Seguro que sería fácil que don Porfirio visitara su casa, e incluso se quedara a dormir ahí. En la reunión con gente importante, ella aprovecharía para interpretar melodías que mejor le salían en el piano o para mostrarle que sabía presentarse en francés. Pero a Micaela le enseñaron después los verbos y conjugaciones, le empezaron a crecer los seños y el general no venía. Acostada viendo el cielo pintado de azul turquesa y flores de algodón, Micaela soñaba y luego se impacientaba por el arribo de aquel personaje tan mentado. Sería cortés, amable con él, le mostraría los mantos que bordaba a la  Virgen de la Ciudad en oro, le cantaría un aria de las que le había enseñado la señorita Castillo, la maestra que iba lunes, miércoles y viernes a su casa. Varias fiestas de la Virgen pasaron y con ellas docenas de mantos bordados con hilo de oro y el presidente no se aparecía. A Micaela empezó a rondarla el hijo de los Leas y don Porfirio no llegaba. Ya sabía que la ocasión para conocerlo no iba a faltar: seguro se aparecería para inaugurar alguna cosa, para llevar a cabo un acto protocolario o simplemente para visitar a don Próspero y sus amigos y entonces Micaela le hablaría en su fluido francés, le interpretaría el par de mazurcas y valses que le salían a la perfección y quizá le cantaría no solo un aria sino una ópera completa, sin embargo, empezó aprender más óperas, italiano e inglés y el presidente no venía.

            Por estar esperando a que Micaela se decidiera a darle el sí, el hijo de los Leal se casó ya treintón con la hija de los Santillán. Miles de mantos de la Virgen se acumularon en la cajonera de Micaela y el presidente no llegaba. Fue entonces que le contaron que visitaría indudablemente la ciudad. En agosto iba a pasar a Tlaxcala a ver al padrino de Micaela y luego vendría a visitar a unos compadres hacendados que tenía por los rumbos de Huamantla para hablar de negocios. La parada en casa de José Valtierra era indudable. Entonces ella se preparó. Buscó su mejor vestido, practicó los pasos de polka y mazurca que le habían enseñado, así como las partes de la soprano de las cinco óperas que sabía. Eligió de los miles de mantos los que mejor le habían quedado y espero a que el general viniera. Sin embargo, nació el hijo de Paco Leal, empezó a caminar y el presidente no llegaba. Micaela tuvo que guardar algunos de los mantos en un cuarto especial porque en su habitación ya no cabían.

            Cuando el hijo de los Leal empezó a caminar, Micaela se enteró que don Porfirio sí había ido a Huamantla, de hecho, se había quedado en la casa de los Sotomayor, la de portales frente al parque, pero Micaela no flaqueó, echada viendo el cielo azul turquesa, siguió deseando conocer al presidente. Hizo más de cien mantos para la Virgen, aprendió alemán y otras cinco óperas, ensayó otros pasos y con menos pelo se acilaba esperando la llegada. No se enteró cuando Madero quitó del poder al general. Micaela continuó con su deseo, encerrada en su casa, con menos cabello y doscientos mil mantos bordados en oro doblados por toda la casa. 

miércoles, 23 de noviembre de 2011

Autor del mes: Ángeles Mastretta


Ángeles Mastretta nació en la ciudad de Puebla el 9 de octubre de 1949. En Puebla Mastretta realizó todos sus estudios pre-universitarios hasta que en 1971 se mudó a la Ciudad de México, después del fallecimiento de su padre Carlos Mastretta, quien tuvo una fuerte influencia en la escritora.


En el Distrito Federal, Ángeles Mastretta estudió periodismo en la facultad de Ciencias Políticas y Sociales de la UNAM de donde recibió su título en Comunicaciones y posteriormente colaboró ocasionalmente en periódicos y revistas como Excélsior, Unomásuno, La Jornada y Proceso. El periódico vespertino Ovaciones, donde tenía una columna llamada "Del absurdo Cotidiano", fue uno de los diarios donde inició su carrera periodística. De Ovaciones, ella misma señala en NEXOS, en 1987, que "escribía de todo: de política, de mujeres, de niños, de lo que veía, de lo que sentía, de literatura, de cultura, de guerra y todos los días" (7).

En 1974 Mastretta recibió una beca del Centro Mexicano de Escritores para participar en un taller literario al lado de escritores como Juan Rulfo y Salvador Elizondo. Más tarde, de 1975 a 1977, Mastretta fue directora de Difusión Cultural de la ENEP-Acatlán y de 1978 a 1982 del Museo del Chopo. En 1988 Mastretta participó, junto a Germán Dehesa, en el programa de televisión "La almohada", dedicado a charlas y entrevistas. Ángeles Mastretta es también miembro del Consejo Editorial de la revista NEXOS de la cual su esposo, el escritor Héctor Aguilar Camín, fue director de 1983 a 1995. En la actualidad (1999), Ángeles Mastretta sigue colaborando con su columna "Puerto libre" en NEXOS, además de hacerlo esporádicamente en periódicos extranjeros como Die Welt y El País. En 1982, Mastretta apareció por primera vez en el consejo editorial de la revista feminista FEM en el número 24; también en el 25 en 1983 y después, de modo más constante, del número 29 en 1983, al 40 en 1985. En FEM Mastretta publicó ensayos y un cuento y en la actualidad todavía aparece en el Consejo Editorial de la revista, aunque su participación no es ya activa.

Ángeles Mastretta recibió el Premio Mazatlán 1985 por su primera novela Arráncame la vida y, como se destaca en la contraportada de las últimas ediciones, ha sido publicada por dos casas editoras españolas y traducida al italiano, al inglés, al alemán, al francés y al holandés. En 1997 Mastretta recibió el premio Rómulo Gallegos por Mal de amores (1996), su segunda novela y cuarto libro. Esta es la primera vez, en la historia del premio, que ha sido otorgado a una mujer. Anteriormente lo habían obtenido escritores como Fernando del Paso, Javier Marías, Carlos Fuentes y Mario Vargas LLosa, entre otros.

La obra literaria de Ángeles Mastretta destaca primordialmente, una sucesiva contextualización del pensamiento feminista mexicano de los años setenta y ochenta. Mastretta formó parte integral de la generación de estos años, cuando el movimiento feminista en México mantenía una actividad de lucha febril, y se vio rodeada de gente que con sus trabajos de investigación y ensayos, problematizando la opresión de la mujer, brindaba ideas y temas que más tarde ella misma asumiría. Mastretta, por medio de una actitud de compromiso social ante los problemas que enfrenta la mujer mexicana, los presenta y contextualiza, a través de la experiencia auténtica y tangible, en su obra narrativa.


sábado, 19 de noviembre de 2011

iRead, difundiendo la literatura por Mauro Campos

Le agradecemos a Mauro Campos por su nota periodística en el diario Cómo? les dejamos el link para que lo puedan leer:

 http://www.diariocomo.com/noticiacomo.php?&tid=86205&articulo=iRead,%20difundiendo%20la%20literatura