viernes, 30 de diciembre de 2011

Viajero


Por David Coñomán Romero

Una noche salimos con los chicos del hostal a un bar pequeño que quedaba cerca de la plaza murillo, no recuerdo el nombre, pero tenía cuadros en blanco y negro - que por mi ignorancia no tomé mayor atención-. La música era relajada pero las voces del local se mezclaban formando un gran bullicio. De pronto y como por arte de magia, en una esquina se oía la voz de un tango que decía más o menos "la vida fue y será una porquería... na, na, na ..." la gente de apoco comenzó a callar y a escuchar, en pocos segundos el silencio era total, sólo se escuchaba y sentía la voz de ese pequeño hombre que, con una guitarra y una humita, llenaba todo el antro... algunos comenzaron a abrazarse y besarse como si las palabras de este desconocido los hiciera recordar momentos felices... algunos comenzaron a unir sus voces y tararear las letras conocidas... por un gran momento creo que en ese lugar hablábamos lo mismo... más aun sentíamos relativamente lo mismo... esa esquina era un gran escenario que llenaba los vacíos de cada uno de nosotros... 
No recuerdo cuanto rato estuvo, ni cuantas de las canciones repetí... el tiempo se había detenido, nos había llevado a otro lugar... más tarde se presentó, no recuerdo su nombre, lo que sí recuerdo es que, según él, era un trovador argentino, un viajero (creo que esas fueron sus palabras) y que pedía una pequeña colaboración. Muchos con la euforia del momento le ofrecieron paceñas y ajenjo, cigarros y unos cuantos pesos bolivianos... poco rato después, todos continuamos con nuestras conversaciones "importantes" y nos volvimos a nuestros grupos... por cosas de la vida miré uno de los cuadros blanco y negro de la pared, ahí estaba nuestra Violeta Parra, me emocionó mucho. Me puse a reconocer las demás fotos... fue en ese momento cuando veo a este trovador, en la misma esquina (la que momento antes fue su gran escenario) guardando su humita, su guitarra, poniéndose una chaqueta y su sombrero... comprendí que el show había terminado... que ya, a pocos minutos, habíamos olvidado a quien nos había alegrado la noche... y supe que él continuaba su viaje... y que yo tenía que seguir el mío...
Fin.

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