viernes, 25 de noviembre de 2011

Espejo


Por: Álvaro Escalante Rodríguez

La noche alumbraba el brillo de mis ojos, enciendo la luz y alcanzo a ver el resplandor de las lámparas que tiznan mis párpados. Lentamente abro la llave del lavabo y remojo las manchas de mis manos. Al ver mi mirada reflejo que el alma que alguna vez tuve se ha perdido. Me siento en la taza y me pongo a pensar en las acciones que había hecho, meto la mano en mi bolsa y encuentro un cigarro desgastado, lo enciendo. El solamente recordar esa mirada penetrante hace que mil puntadas desgasten mi negro corazón; una lágrima sale de mi ojo mientras le doy la última fumada a esa colilla de cigarro, levanto mi mano y limpio esa lágrima. Me levanto, camino hacía el lavabo manchado, abro una puerta pequeña y veo la medicina que necesito; abro el frasco y veo que solamente queda una pequeña pastilla, me la trago. Tras cerrar la pequeña puerta me veo nuevamente, toco mi rasposa cara y doy un golpe al lavabo. De pronto unas luces bicolores atacan la ventana del cuarto, vienen por mí, lo sé. Volteo hacía la cama e intento escuchar pasos pero fue en vano. Doy una última mirada al espejo, camino hacia la puerta dejando la luz prendida, tomo mi abrigo, no sin antes tapar aquella hermosa cara que abrace hasta que dio su último respiro. Abro aquella puerta roida y salgo caminando, esperando que no sea la última luna que vea. 

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